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domingo, 14 de septiembre de 2014

QUE LOS RUIDOS TE PERFOREN LOS DIENTES de Oliverio GIRONDO




Que los ruidos te perforen los dientes,
como una lima de dentista,
y la memoria se te llene de herrumbre,
de olores descompuestos y de palabras rotas.
Que te crezca, en cada uno de los poros,
una pata de araña;
que sólo puedas alimentarte de barajas usadas
y que el sueño te reduzca, como una aplanadora,
al espesor de tu retrato.
Que al salir a la calle,
hasta los faroles te corran a patadas;
que un fanatismo irresistible te obligue a prosternarte
ante los tachos de basura
y que todos los habitantes de la ciudad
te confundan con un madero.
Que cuando quieras decir: "Mi amor",
digas: "Pescado frito";
que tus manos intenten estrangularte a cada rato,
y que en vez de tirar el cigarrillo,
seas tú el que te arrojes en las salivaderas.
Que tu mujer te engañe hasta con los buzones;
que al acostarse junto a ti,
se metamorfosee en sanguijuela,
y que después de parir un cuervo,
alumbre una llave inglesa.
Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto,
para que los espejos, al mirarte,
se suiciden de repugnancia;
que tu único entretenimiento consista en instalarte
en la sala de espera de los dentistas,
disfrazado de cocodrilo,
y que te enamores, tan locamente,
de una caja de hierro,
que no puedas dejar, ni por un solo instante,
de lamerle la cerradura.

domingo, 1 de diciembre de 2013

NOCTURNO de Oliverio GIRONDO

Horacio Coppola
Frescor de los vidrios al apoyar la frente en la ventana. 
Luces trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más solos. 

Telaraña que los alambres tejen sobre las azoteas. 
Trote hueco de los jamelgos que pasan y nos emocionan sin razón. 
¿A qué nos hace recordar el aullido de los gatos en celo, 
y cuál será la intención de los papeles que se arrastran en los patios vacíos? 
Hora en que los muebles viejos aprovechan para sacarse las mentiras, 

y en que las cañerías tienen gritos estrangulados, 
como si se asfixiaran dentro de las paredes. 
A veces se piensa, al dar vuelta la llave de la electricidad, 
en el espanto que sentirán las sombras, y quisiéramos avisarles 
para que tuviéran tiempo de acurrucarse en los rincones.

Y a veces las cruces de los postes telefónicos, sobre las azoteas, 
tiene algo de siniestro y uno quisiera rozarse a las paredes, 
como un gato o como un ladrón. 
Noches en las que desearíamos que nos pasaran la mano por el lomo, 

y en las que súbitamente se comprende que no hay ternura 
comparable a la de acariciar algo que duerme. 

lunes, 24 de octubre de 2011

ESPANTAPÁJAROS 18 de Oliverio GIRONDO

Llorar a lágrima viva. Llorar a chorros. Llorar la digestión. Llorar el sueño. Llorar ante las puertas y los puertos. Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas, las compuertas del llanto. Empaparnos el alma, la camiseta. Inundar las veredas y los paseos, y salvarnos, a nado de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología llorando. Festejar los cumpleaños familiares, llorando. Atravesar el África, llorando.
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo...si es verdad que los cacuies y los cocodrilos no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo pero llorarlo bien. Llorarlo con la nariz, con las rodillas. Llorarlo por el ombligo, por la boca.
Llorar de amor, de hastío, de alegría. Llorar de frac, de flato, de flacura. Llorar improvisando, de memoria. ¡Llorar todo el insomnio y todo el día!
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