jueves, 28 de enero de 2016

A PELO de M.FLOSER


    Cogió su arma, la que siempre había usado. La sacó de la funda y la contempló; aún tenía restos de aquella víctima de hacía ya tantos años.

    Sentía el cosquilleo en la boca del estómago que solo se siente cuando te topas de repente con los recuerdos. Aquel arma, aquella simple prolongación de su mano con la que salvó tantas almas descarriadas. Era un justiciero y el mundo le echaba de menos. Pero volvía a estar listo, saldría al mundo y no dejaría ni una sola cabeza despeinada.


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